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El Legislador de la Estepa: la otra “Hazaña” de Gengis Kan

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Estatua de Gengis Kan, cuarenta metros de altura. Imagen extraída de esta Url

Un personaje, diferentes representaciones

Gengis Kan es una de las figuras históricas que más pasiones despierta, y probablemente también sea una de las personalidades más complejas de la Historia. El hecho de que ni él ni sus más allegados dejasen documentos escritos ha provocado que la imagen del Gran Kan esté a caballo entre un relato edulcorado por la épica, propia de sus seguidores, y otra muy distinta, con rasgos crueles y sanguinarios, defendido por sus enemigos.

Retrato del siglo XIV de Gengis Kan. Imagen extraída de esta Url

Así, Temujin -éste fue el nombre del llamado Kan Oceánico– fue un analfabeto que introdujo la escritura en su pueblo; un líder militar que, según las fuentes chinas, pensaba que no había mayor placer que masacrar al enemigo, arrebatarle sus caballos y ganado y violar a sus mujeres, mientras en su Yasa -Código Mongol- se penaba el robo y el adulterio con la muerte; la misma persona que consiguió que Pekín ardiera durante más de un mes fue también quien entendió el valor de incluir e integrar diferentes pueblos y respetar sus costumbres; un hombre que, partiendo de la miseria tras el asesinato de su padre y la desintegración de su clan -menor dentro de las tribus mongolas, a la postre-, logró conquistar el mayor imperio de tierras contiguas de la Historia. Gengis Kan fue aquel que, tras dejar una huella tan sumamente profunda en la Historia Universal, en la hora de su muerte decidió no dejar rastro alguno. Este hecho, ochocientos años después, sigue llamando la atención de numerosos historiadores y arqueólogos que siguen buscando el emplazamiento exacto de su tumba -el último, un proyecto iniciado en 2015 por Albert Lin, de la Universidad de California-.

Sin embargo, como ya se ha venido señalando, Gengis Kan no fue solamente líder de un ejército; para Kravitz, la imagen que se tiene de él como un guerrero nómada despiadado no se ajusta a la realidad, y menciona su gran capacidad como estadista. Y ciertamente, el líder mongol marcó un antes y un después y su imagen sigue muy presente entre las gentes de Mongolia: llevó a cabo numerosas reformas y se aprovechó de las transformaciones que se estaban dando dentro de la sociedad para lograr sus objetivos. En ese sentido, el Gran Kan dejó un legado prácticamente imborrable en la memoria de Asia. Pero, para entender el impacto real de su figura, primero hay que remontarse a la vida en las estepas antes de su nacimiento.

La estepa, lugar de contrastes geográficos y sociales

Al iniciarse el siglo XII, una serie de tribus -tártaros, keraitas y naimanos-, estaban asentados en la actual zona de Mongolia. El adjetivo mongol era propio de una pequeña tribu que estaba asentada al sureste del lago Baikal y no designaba aún a los habitantes de este país.

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Tiendas de los nómadas esteparios. Imagen extraída de esta Url

La mayoría de estas tribus eran analfabetas y habían adquirido un modo de vida nómada pastoril influenciadas, sobre todo, por una climatología poco hospitalaria: un paisaje dominado por una fuerte oscilación térmica unida a la escasez de lluvia y de crecidas con un ambiente seco y frío durante buena parte del año hacen que estas zonas sean medios poco adecuados para el cultivo. No obstante, la presencia de pastos verdes interminables hacen que éste lugar sea un sitio adecuado para la crianza de ganado herbívoro, más adaptable a las temperaturas extremas y secas. Aún así, tal y como señala Pelegero (2010) en su biografía sobre Gengis Kan, esta forma de vida, además de una alimentación poco adecuada por la ausencia de vegetales en la dieta -productos, por otro lado, que tendrían que adquirir por medio de un comercio complementario y secundario-, representaba una enorme inestabilidad por la frecuente mortandad de las reses por diferentes causas. El historiador cita, de manera brillante, un refrán kazajo para explicar esta situación: las ovejas están gordas en verano, fuertes en otoño, débiles en invierno y muertas en primavera.

Mongolia
Ovejas de las estepas. Imagen extraída de esta Url

Hay que señalar, al menos, cinco tipos de ganado en el modelo económico mongol: cabra, camello, vaca, oveja y caballo. De los dos últimos, el primero tendría un gran valor económico puesto que de la cría ovina se sacaban la mayoría de productos; sin embargo, el caballo se convertiría en el gran símbolo de la civilización mongola y su presencia resultó ser, entre las tribus, un elemento de prestigio social.

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Caballos de las estepas. Imagen extraída de esta Url

El caballo no sólo se utilizaba en labores de desplazamiento y pastoreo; su importancia va a ser determinante para el mundo militar mongol: el caballo de las estepas es fuerte y resistente, pero a la vez rápido, lo que proporcionó a los mongoles la posibilidad de desplazar grandes contingentes de soldados de una parte a la otra de su territorio en apenas unos días. Sin embargo, estos desplazamientos no habrían sido totalmente posibles sin una transformación de la sociedad.

Una revolución cultural, identitaria y política

Algunos autores sostienen que los mongoles del siglo XII se hallaban en pleno proceso de feudalización y, por lo tanto, existió algo similar a un feudalismo de tipo nómada (Hambly, 2010); no obstante, debido a la polémica historiográfica que rodea el término, no se usará el mismo a lo largo del presente artículo. Lo que sí parece claro es que la sociedad estaba en evolución. En parte, la organización tradicional, basada en linajes y ancestros comunes por un lado, y el eje familia-clan-tribu jugaron un papel importante en su configuración posterior, durante el kanato de Gengis Kan. En ese aspecto, es interesante ver cómo los intereses tribales jugaban un papel importante en las alianzas y confederaciones de estos grupos, a menudo apelando a antepasados comunes de una genealogía, cuanto menos, dudosa; pero también el caso contrario: la desintegración y disgregación de las tribus, lo que daba lugar a una mayor fragmentación de la sociedad, se cree que por motivos eminentemente económicos.

Es de destacar, pues, que esta situación de uniones tribales para perseguir fines comunes ya se estaba dando dentro del mundo nómada antes de la llegada de Temujin: su propio abuelo, Kabul Kan, ostentó el título de khaqan, líder de una confederación de tribus, con el fin de atacar las fronteras chinas. No obstante, hay que establecer aquí una diferenciación clara, que es precisamente lo que distingue a Gengis de sus predecesores: a pesar de que las diferentes tribus mongolas se asociaban para fines comunes, fue el Gran Kan el primero que logró unir a todo el pueblo de las estepas, no sin derramamiento de sangre, bajo una misma autoridad: la del Kan Oceánico, la de Gengis Kan, elegido como líder en el kuraltai, asamblea de príncipes, del año 1206. Sin embargo, ¿por qué los mongoles de entonces decidieron delegar tamaño poder en la figura de un solo hombre? ¿Qué llevó a la civilización de la estepa a elegir como único khaqan a Gengis Kan?

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Kuriltai. Imagen extraída de esta Url

La respuesta a esta pregunta nunca ha estado verdaderamente clara y han surgido varias hipótesis. Por ejemplo, la necesidad de una unión militar para luchar contra los estados sedentarios -como las diversas dinastías chinas-, con quienes mantenían relaciones ambivalentes y contradictorias. Estas relaciones iban desde el comercio y la asimilación de su modo de vida a la razia y el saqueo; los chinos, por su parte, se dedicaban a realizar expediciones de castigo, a fortificar sus fronteras y a enfrentar a unas tribus contra otras para evitar que creciera un poder lo suficientemente fuerte en las estepas como para vencerles. Los propios chinos yurchen usaron a los tártaros para este fin. El propio padre del Gengis Kan, Yesuguei, murió envenenado por un tártaro.

Desde el punto de vista económico, hay quien sugiere, quizás de manera muy acertada, que a finales del siglo XII la situación en Mongolia era desesperante a causa de las temperaturas frías que habían asolado la estepa. Las mismas habrían causado escasez de pastos, necesarios para el difícil mantenimiento del ganado mongol. Es posible que esta fuera una razón de peso suficiente como para venderse al mejor postor. En esta lucha también se hace necesario observar la gran cantidad de sangre derramada y las frecuentes luchas para llegar a esta unión tribal. Dentro de esas luchas se encuentra la trágica historia de Jamuka con Temujin, antiguos andas, hermanos de sangre, que acabaron guerreando entre sí por hacerse con el poder de las tribus. Se cree que buena parte de los jefes tribales prefirieron a Gengis porque la ambición de Jamuka era demasiado elevada.

Aunque estas respuestas no lleguen a responder de manera firme y decidida a los interrogantes planteados, sí que presentan una imagen bastante acertada de los problemas existentes en la Mongolia del siglo XII: inestabilidad interna provocada por la escasez de pastos, los enfrentamientos tribales, y la injerencia china en su interés por desestabilizar a los habitantes de las estepas.

La victoria sobre todas las tribus opositoras, especialmente la de Jamuka, hicieron que el liderazgo de Temujin fuera incuestionable. Así, a orillas del Onon, fue proclamado Gengis Kan -Jefe Supremo o Kan Oceánico- en el 1206. Sin embargo, su propia experiencia, sus orígenes humildes y complicados, motivaron una transformación de la sociedad mongola que sirviera para sus propios intereses. El primer paso, de un impacto tremendo, fue la consecución de una nueva identidad: los mongoles ya no eran tribus dispersas, sino un pueblo unificado, estructurados entorno a una autoridad central y con intereses comunes. Esa misma autoridad central ocupaba la cúspide de una sociedad que continuaba siendo estamental aunque con variaciones. Cabe destacar que la desaparición de las antiguas jerarquías tribales, sustituidas ahora por el gobierno incuestionable de Temujin, facilitaron la transformación. Justamente, por debajo de Gengis Kan estaban sus parientes más cercanos, y un escalón por debajo, la nobleza; en la base, el resto de los mongoles.

Gengis Khan a caccia col falcone assieme a un arciere (dipinto cinese del XVI secolo)
Halcón de caza de Gengis Kan con un arquero (pintura china del siglo XVI). Imagen extraída de esta Url

La integración política de diferentes etnias y clanes también contribuyó a una mejor cohesión. De entre todas ellas, habría que destacar la meritocracia, el reparto del botín de guerra sin distinción de origen tribal -aunque sí estamental- y la elección de las jerarquías militares por decisión propia del Gran Kan con el fin de evitar cualquier infidelidad de sus generales. La aristocracia tradicional de las tribus quedaba, así, relegada a un segundo plano y las mismas fueron incluyéndose poco a poco dentro de este complejo esquema cuya base social fue en aumento. Dentro de estas valoraciones es crucial señalar la tolerancia hacia las diferentes creencias y costumbres asimiladas dentro del imperio de Gengis Kan. A pesar de que los mongoles profesaron el animismo, no existieron problemas para admitir la heterogeneidad religiosa y una coexistencia pacífica de las mismas, de forma que tampoco se le dio preponderancia a credo alguno y la libertad de culto pareció extenderse por todos los territorios conquistados.

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Tortuga antigua de Karakorum, símbolo de antiguas creencias religiosas. Imagen extraída de esta Url

La militarización de la sociedad

Sin embargo, si en algo se caracterizó la sociedad de Temujin fue en su militarización. La militarización también ayudó a la integración dentro del mundo mongol. Poco a poco, los clanes y tribus fueron absorbiendo población conforme el imperio se extendía. El reparto de los botines, aunque desigual entre estamentos, no estaba determinado por la procedencia, sino por la participación o no en las contiendas. La propia cúpula de Gengis Kan también estaba militarizada y sus más allegados ocupaban los puestos de mayor importancia con el fin de guardar las lealtades y evitar las rebeliones.

Hay que destacar, sin embargo, que la propia climatología del terreno había convertido a los mongoles en fieros guerreros. La hostilidad del ambiente gélido funcionaba como mecanismo de selección natural: en un clima tan ingrato como el de la estepa, sólo los mejor adaptados optaban a la supervivencia en el mar de pastos. Pelegero (2010) resalta que, en una sociedad tan belicosa como la mongola, no existiera una palabra nativa para designar al vocablo “guerrero”, quedando absorbido su significado por la palabra “hombre”, es decir; el género determinaba el destino, y el sexo masculino ya llevaba intrínseca una finalidad militar. La mujer, en cambio, jugaría un papel muy destacado cuidando del ganado mientras los hombres guerreaban. La importancia del papel femenino fue, pues, crucial para el desarrollo económico nómada.

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Guerreros de Mongolia. Imagen extraída de esta Url

También el Kan se benefició de este modo de vida para sus conquistas. Antes se ha señalado la importancia del caballo en la sociedad mongola. El mongol del siglo XII y XIII estaba preparado para hacer vida sobre el caballo: podían pasar varios días sobre una montura sin que ello les supusiera un inconveniente. A esta ventaja, junto a la robustez del pueblo de las estepas, habría de sumársele una reforma militar, donde el ejército quedó fragmentado en unidades de diez, cien, mil y diez mil soldados. El propio Gengis Kan poseía una guardia personal con diez mil de los jóvenes mejor preparados. A la rapidez de la caballería se le añadió una estructura militar con gran flexibilidad.

Muy pronto, el Kan Oceánico también se percataría de las grandes ventajas que supondría incorporar la tecnología bélica de los pueblos conquistados. En el plano militar también habría de destacar la guerra psicológica usada de manera hábil por Temujin. La llegada a una población que se negaba a rendirse suponía desatar la fiereza de toda la milicia, que reducía a la ciudad a escombros y asesinaba a la inmensa mayoría de la población: sólo sobrevivían los ingenieros y artesanos, y algunos habitantes que debían trasladarse a las localidades vecinas para contar las atrocidades que cometían los mongoles. Acto seguido, muchas ciudades capitulaban para no padecer la cólera del pueblo de las estepas. Tal virulencia se explica por el pequeño número de integrantes del ejército mongol -200.000 unidades para 1219 según Ebrey (2008)-, lo que les llevó a emplear técnicas sanguinarias para asegurar el control de los territorios. A pesar de las técnicas escabrosas, las ejecuciones eran rápidas, carentes de sadismo y con el claro objetivo de infundir miedo.

Sin embargo, Gengis Kan tenía más armas, además de su poderosa milicia y el terror. El hecho de que muchos combates se saldasen con victorias mongolas a pesar de la visible inferioridad numérica se debe, también, al valor que Temujin concedía a la información. Para ello desarrolló un amplio cuerpo de espías que azuzaron en las cortes para romper alianzas y granjearse apoyos, así como una red de exploradores que se dedicaban a estudiar el terreno y observar el potencial del enemigo con el fin de influir en las batallas venideras.

El viento nuevo del imperio: el intento de estructurar a la sociedad

En el terreno político, el Kan Oceánico se encontró con la necesidad de elaborar una serie de estructuras que articulasen a la nueva sociedad. Para ello era necesario elaborar un corpus jurídico y desarrollar una administración acorde al imperio que se estaba edificando. Gengis Kan lo intuyó y para ello, ya en el 1204, ordenó a Tatatonga, su canciller de origen uigur, la realización de un alfabeto. Tatatonga adaptó el alfabeto uigur al léxico mongol; la necesidad administrativa fue lo que llevó a los mongoles a la adquisición de su primer sistema de escritura, de tal forma que las bases que cimentarían el sistema legislativo-administrativo habían comenzado a construirse. Un analfabeto llamado Temujin había comprendido perfectamente los beneficios de la escritura a la hora de transmitir y guardar información, y la necesidad de la misma como motor para edificar su imperio.

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Ejemplo de escritura de Mongolia. Imagen extraída de esta Url

Tras la introducción de la escritura, lo primero que debía tener aquella nueva sociedad era un código de conducta. La asimilación y la unidad tribal habían planteado una nueva realidad social para los mongoles cuyo régimen de organización había cambiado para siempre. De esa forma, se hizo necesario elaborar una ley que afectase a todos por igual sin distinción alguna. Ese cuerpo legislativo, aunque no ha llegado hasta nosotros de manera directa, se conoció con el nombre de Yasa. La Yasa admitía una ordenación jerárquica de la sociedad, pero también reglamentaba el régimen de beneficio de los botines, la propiedad privada y la solución de los pleitos mediante una autoridad cuando, antiguamente, la venganza entre clanes habría provocado una lucha sin fin. Así mismo, también se codificaron severos castigos para los altos cargos que incumplían con sus obligaciones; la pena por traición también quedaba establecida. En el plano social, la Yasa había declarado a la mujer depositaria de derechos determinados por su valor económico, aunque en la vida doméstica el régimen de poligamia había subyugado al sexo femenino y la había colocado en un lugar, cuanto menos, secundario. Aún así, la ley prohibió tajantemente el secuestro y venta de mujeres.

Aunque muchas de estas normas han sido tachadas de draconianas, eran necesarias para paliar diversos males que asolaban a la sociedad y controlar todas aquellas conductas que habían provocado rencillas entre grupos.

En el plano administrativo, dos reformas dotaron al Imperio mongol de una estructura sólida. De inspiración naimana e influencia uigur, las dos reformas versaron sobre la constitución de un censo y un servicio postal, ambas muy vinculadas al servicio militar.

El censo se utilizó como medida de control demográfico con una doble función: por un lado, conocer el número de habitantes del Imperio para el cobro de tributos; por otro, saber cuántos hombres en edad militar activa vivían para nutrir al ejército mediante levas.

El servicio de correos estuvo ligado a la primitiva red de espionaje. Posteriormente, influiría en la mejora de las comunicaciones con el fin de que la información llegase a cualquier parte del territorio. El mismo fue elaborado por un grupo de expertos; los jinetes que componían tal sistema estaban especializados en esa labor; cada un número determinado de kilómetros existían postas con caballos de refresco para que la carrera de los mensajeros no se viera interrumpida por el cansancio del animal.

Entre mito y realidad

Con esta última reforma, quedaba comunicada toda la geografía de un Imperio que, a la muerte de Temujin en el 1227, se extendía desde el mar del Japón al Caspio y del Cáucaso al Reino de Corea, pasando por el norte de China, arrasando el Rus de Kiev y dominando toda Asia Central. Genio militar y estadista, bárbaro y civilizador, el Kan Oceánico abandonó la vida sin que nadie supiera el lugar donde fue enterrado: el hombre que partió de la nada para lograrlo todo quiso marcharse sin dejar rastro. Sin embargo, ochocientos años después, su huella en la Historia sigue siendo imborrable, y su legado, inabarcable.

Mongol Empire
Imperio Mongol. Imagen extraída de esta Url

BIBLIOGRAFÍA

  • BORASTEROS, D. (2017). Por qué nunca se ha encontrado la tumba del gran Gengis Kan. Recuperado en octubre 15, 2017, de El Confidencial Sitio web: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-08-28/gengis-kan-historia-misterios-tumba_1433766/
  • EBREY, P.B. (2008). Historia de China. Madrid: La Esfera de los Libros.
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  • HAMBLY, G. (2010). Asia Central. Madrid: Siglo XX.
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  • PELEGERO, B. (2010). Breve historia de Gengis Kan. Madrid: Nowtilus.
  • VV.AA. (1968). Nueva Historia Universal: volumen II. La Edad Media. Madrid.

Autor: Jesús Ricardo González Leal
Revisión: Valentino Valitutti

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